La Marcialonga de un pringao

Colaboración de: Rafael Hernandez “Gaia”

Una visión impresionista de la prueba italiana.

Eran poco más de las siete y cuarto de la mañana cuando llegamos al aparcamiento de Moena.  Cientos de plazas libres convierten en infundados nuestros temores sobre la dificultad de bajarnos del coche.   La estabilidad meteorológica de los últimos días nos permitió encerar la tarde anterior e ir a la salida con los deberes casi terminados. Para el deslizamiento, elegimos una base dura de Ski-Go y sobre ella la F40 de Solda. Para el agarre base klister de Toko mezclada al 50% con special klister de Rode. Sobre esa combinación unas pocas capas de bote Rode Blue Super Extra, seguida por dos manos cortas de Toko Red, que nunca me ha fallado en nieve artificial no muy fría. Todo lo cubrimos con Super Blue y listo.

A eso de las 8:30, nos dirigimos a los boxes de salida. Un par de temas de Pat Smith amenizan la espera. Con el mono de correr nos moríamos de frío. Bailar no era cuestión de ocio sino de supervivencia. Cambia el hilo musical y nos atacan con música disco contemporanea. Por ahí si que no paso. Me pongo los cascos y conecto el MP3. El amigo Kiko Veneno y el canto ecológico-libertario del Mago de Oz ponen las cosas en su sitio. Justo a la mitad de la Fiesta Pagana abren la puerta de nuestro cajón y nos colocamos en la parrilla. Ocupo una de las últimas filas. Con 70 km por delante no hay espacio para la prisa.

Con puntualidad italiana (20 minutos tarde) iniciamos la marcha. Las primeras cuestas en dirección a Soraga permiten apreciar lo acertado de nuestras decisiones. Los esquís agarran lo justo y corren que se las pelan. En uno de los descensos,  un vikingo de 2 metros cuadrados lanza una primera ofensiva contra la civilización. Del empujón casi me manda por un barranco. A medida que nos aproximamos al fondo de Valle, las suaves pendientes estiran los grupos y separan los que subimos empujando, de los que mantienen el alterno. Poco a poco remontamos posiciones. Ya en Canazei el gentío y los aplausos llegan a ruborizarme. Pero si yo soy un pringao, ¿por qué me ovaciona esta gente?. Justo cuando invertimos el sentido de la marcha, se me viene a la cabeza como unos tíos tan majos son capaces de votar a un ser tan repugnante como Berlusconi .

Para el descenso decido seguir la estela de una de las muchas preciosidades noruegas que pasaban por allí. Una  monada de mujer se mirase por donde se mirase. .. y con una envidiable técnica en las bajadas. Dejo que me marque el camino. Un primer cuestón helado  llegando a Campestrin pone a prueba mis progresos en el descenso. Tras su estela consigo evitar la maraña de palos rotos, tipos por el suelo y gente andando por medio de la pista. Pasé miedo, pero salí con bien.

En Mazzin, mi particular club de fans, con la compañera al frente, me recibe como si fuera Bjoerdalen. Esta vez si que os he visto y bien que se agradecen los ánimos. El ascenso previo a Moena provoca uno de los pocos parones. En alterno se marchaba de cine,  pero un puñado de grandullones suben a tijera y bloquean el camino. Ya en el descenso me lanzo tras la musa. Bajamos a saco. Como nunca… hasta que a un Senatore de esos que han participado en todas las ediciones, se le ocurre cambiar de huella  a la entrada del pueblo. Por un milagro de ese Dios en el que no creo, me libro de colarme por la ventana y sin invitación en el salón de una casa que hace esquina. El gentío impresiona. Rumbo a Predazzo la rubia me pide un relevo. Llevo ya unos cuantos km detrás y se empieza a mosquear. Acepto la invitación y tiro con fuerza.  Recuerdo palabra a palabra las instrucciones de mi profe : “Impulsa hasta el final. Caderas y cuerpo adelante. Dobla los tobillos”. Me acuerdo un montón de él que a esa misma hora debía estar sufriendo en Estonia, en un Mundial Junior en el que las cosas no han salido. Gracias tío. Y tranquilo que otra vez será. Que la vida es larga y de vez en vez se porta. La barbi me da un grito y me pide que vaya con más calma, que se queda. Lo siento chica, hace 20 años hubiera hecho contigo la Marcialonga y la Vassa de seguido, pero a estas alturas no cambio llegar un cuarto de hora antes por seguir en tu compañía.

A l paso por Molina los isquios empiezan a dar avisos. He bebido en todos los avituallamientos. Sólido uno si y otro no. Pero empiezo a notar cansancio. Los tríceps sienten envidia y se apuntan a la fiesta. Las huellas ensanchadas por el paso de los corredores, dificultan el avance. Vas de lado a lado y se hace molesto. En la Cascata cometo el único error grave de todo el día. Después de aconsejar a medio mundo que parase a encerar, me da un ataque de testosterona y tiro adelante. En las primeras rampas me doy cuenta que he metido la pata hasta las orejas. Ni las ceras, ni sobre todo, las fuerzas, están para esos trotes. La nieve había transformado y era puro caldo. Como ya no tiene arreglo empujo en las zonas en las que la pendiente suaviza y asciendo como puedo el resto. Como casi todos los sufrimientos de la vida, mi mal trago también pasa. Ya es casi llano y la acumulación de espectadores anuncia que la meta está próxima. Me acuerdo de mi comecocos y de mis compas del curro a los que dejé con un  marrón del quince. Nunca se lo diré a la cara no sea que me pidan un aumento, pero hablando a lo Miguel Ríos, sois de puta madre. Gracias Sánchez.  Veo la meta y se me curan de golpe todas las molestias. Al cruzar, como siempre, un beso al viento con destino a una princesa que se mudó de estrella hace muchos años y a la que echo de menos cada minuto de mi vida. La algarabía de los míos, me devuelve al país de los vivos.

Tras dejar el chip, recojo la ropa y me cambio. Me esperan los macarrones y mi compañero de siempre que también acaba de llegar. Tras 5 horas y 18 minutos de camino nos han separado 40 segundos. Sin que se enfaden nuestras respectivas, estamos hechos el uno para el otro. 5:18 no es un nuevo record, pero para un tipo con mis años, con mi epoc, con mi asma intermitente, con mi insomnio, con mi mala técnica y peor físico, es lo máximo a lo que puedo aspirar. Estoy contento. Un rato después acaba la reina del grupo. Ella tenía sus dudas sobre si podría terminar, pero lo ha hecho con suficiencia y en un tiempazo.

Al salir del recinto repiten en el video-marcador la llegada del primero. Un tal Jerry Ahrlin, sueco. El chaval es mas joven, más alto, mas guapo, mas fuerte y seguro que tiene mas dinero que yo. Incluso se intuye una novia rubita de 18 años de las que te quitan el hipo y te dejan sin un céntimo. Pero no te envidio tronco. Estoy seguro que tus amigos, sin conocerlos, no valen ni la mitad que los míos.

Esta ha sido la Marcialonga de un pringao. De un corredor popular y de los malos. Es la carrera de los elefantes, en la que cada año 6500 historias como esta nos enseñan, en algún lugar de los dolomitas, el significado que para muchos tiene la palabra deporte.

 

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